lluvia e instantes
No tomaría su vaso de agua, tampoco leería ninguno de sus libros, se sentaría simplemente contemplando la ventana de la sala, en la penumbra, como los niños cuando acuden la circo y ven el espectáculo, una sonrisa franca se le escaparía, como delatando algún recuerdo que se le escapaba y se proyectaba en aquella ventana. Para cualquier otro habitante de esta ciudad no seria más que una ventana, con una profusión de gotas de agua producidas lógicamente por la lluvia que en esos momentos caía sobre la ciudad, a su vez producto de una tormenta tropical, de esas que tantos estragos causan en otros lados. Pero no aquí, aquí cada gota era un acto en esta función, cada gota era observada minuciosamente mientras recorría en ventanal, como era de esperarse por cualquier otra persona de esta gran ciudad, de arriba abajo, como cualquier gota normal que se pudiera llamar gota; cada una emitiendo destellos a los ojos sonrientes de este espectador. Contaban una historia, cada gota era el relato de un instante, un trozo de vida, tan abundante la vida en instantes como el agua en gotas, todas pasaban delante de este solitario espectador, que estaba solo acompañado de su soledad y eso ya es decir algo, “hay algunos que ni eso”, habría añadido él a este introductorio comentario: el había elegido en camino de la soledad, o así le gustaba decirse a si mismo, explicándose que todos los intentos infructuosos por comenzar una relación seria y apasionada habría fracasado por alguna razón. Si, claro que había alguna razón, una razón que el aun buscaba, quizás con mas fervor la razón que la causa, pero esa era su cruzada solitaria, y que todas las noches como esta, y otras noches también, le venia a hacer visita y honores a su mas grande mecenas (no lo diría el, pero es obligación moral de narrador hacérselos saber).


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